spa  
   
- CENTRO ALETTI - FORMAZIONE SPIRITUALE E PASTORALE - ARTE SPIRITUALE - EDIZIONI LIPA - FONDAZIONE AGAPE
      Atelier - Obras: Lugar Fecha Tema

 

El Taller de arte
Arte litúrgico
Entre oriente y occidente
Arte de la comunión
Figuras y trasfondos
Colores y materiales

 
Colores y materiales

El color

El color es, sin duda, un protagonista en la fascinación de una obra, y por eso es particularmente importante que respete la jerarquía de la composición de manera que ayude a captar en la obra de arte en el primer lugar, lo que es más relevante, y luego el resto.

Los cristianos han tomado el significado de los colores de las antiguas tradiciones de los pueblos y los han «bautizado». Por leso, el mensaje colorístico va más allá de la percepción subjetiva, inmediata,, psicológica y se convierte incluso en una pedagogía, una herramienta para la formación del mundo interior del hombre. Hoy en día todo esto es difícil de entender, porque el tiempo reciente ha considerado el color exclusivamente desde un punto de vista psicológico. El Taller de Arte Espiritual del Centro Aletti, considerando la tradición de la Iglesia, se ha inspirado en el primer milenio. Así, el rojo, en general, indica lo divino; el azul, lo humano; el verde, lo creado; el blanco, el Espíritu; el oro, la santidad y la fidelidad de Dios, la perfección de la luz, etc. En el mundo creado los colores testimonian la luz y, como tales, hacen ver que la materia tiene un nexo existencial y esencial –por no decir ontológico- con la luz.. Sin la luz la materia es una masa oscura, lóbrega y pesada. La luz es la vida y el color testimonia la vida del mundo. Los colores hacen que el mundo sea carne viva de la luz. Pero en el mundo transfigurado, el mundo asumido en Cristo, en el mundo en que habita la gloria de Cristo, es decir, la Jerusalén celestial, el sol no es luz, sino que lo es Cristo. Ahora bien, como los colores cambian en el mundo si cambia la luz, igualmente los colores que dan testimonio del sol que es Cristo son los colores del mundo que no tendrá ocaso. El arte de los cristianos en las épocas más fuerte trató de intuir y captar en el acá estos colores que aparecen en un mundo iluminado por Cristo. En la liturgia, de hecho, contemplamos el mundo redimido. Entonces, el arte, especialmente el color, debería testimoniar la redención en Cristo, la visión del mundo según Cristo.

El material

Con el color, el material del mosaico constituye la materia principal para expresar la vida en su dinamismo y en su movimiento.
En el trabajo del mosaico del Taller del Centro Aletti se utilizan diferentes materiales: piedra, mármoles, granitos, esmalte (es decir, una mezcla artificial hecha sólo para los mosaicos). Las piedras provienen de diferentes partes del mundo (por ejemplo, travertino claro de Italia, ónix de Afganistán, travertino rojo de Turquía, blanco de Grecia, etc). Hay diferentes piedras, de diferentes tamaños, de diferentes tamaños, opacas y lúcidas, pobres y ricas, precioss y simples, de colores intensos brillantes y de colores pastel.
Con las piedras hay que saber trabajar. No es fácil de cortar las piedras: si se saber hacer, fácilmente uno se corta o se desmenuzan. Esto significa que hay que conocer la piedra, debemos tener en cuenta a la piedra y no imponer a la piedra simplemente la propia voluntad. Teniendo en cuenta la piedra, se aprende a tener en cuenta al otro. Esto es ya un principio religioso: considerar al otro, afirmarlo, reconocerlo. El artista debe estar atento a no imponer la voluntad sobre el mundo, sino a dialogar. La piedra, la materia menos refinada de la creación, puede fácilmente dar la impresión de ser un material muerto; en cambio lo creado está vivo, animado por una voluntad propia.
Sergei Bulgakov, el gran genio de la teología moderna, retoma la enseñanza de san Máximo el Confesor, según el cual -precisamente porque la creación del mundo fue hecha por medio del Logos- en toda la creación existe una especie de código del Logos. Si abrimos la materia y vamos a ver este código, vemos que en él está ya escrito el sentido y la orientación de la materia misma. El código del Logos en la materia nos revela la voluntad de la materia de realizar su verdadero sentido, y este sentido es en Cristo, donde el sentido de toda la creación se ha «condensado» y «materializado». La materia quiere ser el escenario de la revelación del amor de Dios que, por excelencia, permanece cumplido en el cuerpo de Cristo. Jean Lacroix dice que el amor requiere siempre de la materia; en efecto, no se ama solo de palabra o abstractamente, sino con los gestos, con la acción concreta. La materia, pues, encuentra su sentido en convertirse en regalo, un don que nosotros las personas podemos ofrecernos en nuestros encuentros. La materia querría llegar a ser parte del amor entre las personas, y de este modo también la materia se salva, porque lo que asume el amor es arrancado de la muerte. Pero el amor siempre tiene un rostro, es siempre personal.
En el mosaico la materia expresa su fuerza, su vida con su voluntad de participar en la comunión de las personas. Por eso, la materia en las paredes expresa su dinamismo y su orientación hacia el rostro. Cuando la materia viva es luminosa, cuando es luminosa ha entrado en el amor y se ha convertido en cuerpo. Cuando un cuerpo se pone al servicio del amor se concentra en el rostro y el rostro permanece como memoria perenne.

 

 

 

   
   
PONTIFICIO INSTITUTO ORIENTAL - CENTRO DE ESTUDIOS E INVESTIGACIONES EZIO ALETTI
Via Paolina, 25 - 00184 Roma, Italia - Tel.: +39-06-4824588 - Fax: +39-06-485876 CONTACTOS
italiano