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Cappilla del Seminario de Badin en Banska Bystrica
Knazsky Seminar Sv Františka Xaverského, Banska 28, 97632, Badin, Banska Bystrica - Eslovaquia
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La capilla está dedicada a san Francisco Javier, uno de los primeros compañeros de san Ignacio de Loyola, que con él llamaba a lo esencial de la fe cristiana. La figura de Javier en el mosaico, igual que su predicación, no quiere detenerse en detalles, sino llamar a lo esencial, a los fundamentos de nuestra fe. Por eso, el enfoque general es trinitario.
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Vista central
Cappilla del Seminario
Banska Bystrica - Badin - Eslovaquia
Junio 2003 |
Cristo está crucificado en un árbol, precisamente para indicar la identidad entre el árbol del Edén y el árbol de la cruz. Toda la tradición cristiana reconocía también el madero de la cruz en el árbol del Edén. Eva fijó la mirada sobre el árbol, deslizando su mirada desde Dios hacia el árbol, desde una persona viva a un objeto muerto, hasta que un objeto muerto se ha convertido en el interlocutor de la persona humana. Por eso también la persona muere poco a poco; en lugar de ser persona – es decir, imagen del Dios trino, persona constituida por relaciones libres - se convierte en un objeto, piensa sólo en las cosas, en tener, en poseer, en aferrarse a ellas haciéndose la ilusión de obtener de ellas su vida.
Puesto que Eva ya no tenía su mirada en Dios, Dios bajó y se hizo clavar en ese árbol al que Eva dirigía su mirada, de modo que la humanidad pudiera verlo. Cristo, entonces, se clava a un objeto para revelarnos su Rostro, para que el hombre, buscando una cosa, encuentre una Persona. El se convierte en un objeto clavado.
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Cristo en el árbol de la cruz
Cappilla del Seminario
Banska Bystrica - Badin - Eslovaquia
Junio 2003 |
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El Rostro de Cristo
Cappilla del Seminario
Banska Bystrica - Badin - Eslovaquia
Junio 2003 |
A los pies de la cruz, a la izquierda, encontramos a María, nueva Eva, la Iglesia, que contempla el verdadero fruto de este árbol que da la vida: Cristo.
Como el hombre no tiene confianza en Dios, sino que se fía sólo de sí mismo, entonces Dios le entrega al hombre, que lo mata. Pero es así como el hombre descubre lo bueno que es Dios, pues se ha dejado tratar de esta manera, y descubre que Dios es Amor porque se ha entregado en las manos de la humanidad pecadora. Al descubrir lo bueno que es Dios, el hombre vuelve a Dios, porque ya no piensa que Dios es malo, severo, juez tremendo. Y, volviendo a Dios, puede volver a vivir porque la vida se encuentra sólo en relación con Dios
Luego vemos la nueva Eva, la Iglesia, María, Madre y Virgen, que contempla a los pies de la cruz la vida verdadera, el fruto del árbol que da la vida, su Hijo e Hijo de Dios al mismo tiempo. Contempla esta fruta a través de una «hoja», un pergamino blanco. Cuando creyó la Virgen, en el momento de la Anunciación, firmó una hoja en blanco, diciendo: «Hágase en mí según tu palabra" (Lc 1, 38): no entendió del todo lo que Dios quería, pero se fió, demostrando ser la verdadera creyente. Reconoció al Señor como el primero. Ahora, esta «hoja» blanca está en las manos de María, mientras ella vive el momento más dramático de su vida, a los pies de la cruz.
Si su hijo tenía que salvar al pueblo, ¿por qué es crucificado? ¿Es esta la salvación del mundo? Muchos Padres, partiendo del presupuesto de que los sufrimientos son el campo de la tentación, leen la profecía de Simeón de la espada que debía penetrar el alma de la Virgen (cf. Lc 2, 35) como la duda que traspasó el corazón de María bajo la cruz. No es que la Virgen dudara de la divinidad del Hijo, pero se turbada viendo un Dios tan humillado en su humanidad: ¿tiene sentido hacerse hombre para morir sin gloria y sin gratitud? Son grandes interrogantes y en esa «hoja» blanca se debe escribir la última sabiduría que es la sabiduría de la cruz, es decir, saber ver la gloria divina en el fracaso, en la muerte, en lo frágil, en lo trágico. Según la iconografía oriental, Cristo revela a su madre este mayor grado de sabiduría precisamente de la cruz. También es significativo que la Virgen de los Dolores sea la Patrona de Eslovaquia.
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La Virgen María junto a la cruz-árbol
Cappilla del Seminario
Banska Bystrica - Badin - Eslovaquia
Junio 2003 |
A los pies de la cruz, a la derecha, vemos a un grupo de tres hombres. En el centro, san Francisco Javier, a su derecha Juan Bautista y, a su izquierda, Juan Evangelista. Francisco Javier es un hombre de profunda contemplación, que para san Ignacio de Loyola no significa sentarse y mirar el vacío, sino comprender la voluntad de Dios y hacerse medio a través del cual su salvación puede llegar al mundo. Significa, pues, levantarse y ocuparse, empezar a trabajar, a correr.
Cuando se llega a la contemplación, es decir, al conocimiento de Dios, se comprende cómo Dios nos ha salvado y cómo podemos responderle. Entonces la respuesta humana, es decir, la comprensión de la propia vocación, es la máxima contemplación según san Ignacio.
Francisco Javier es un ejemplo típico de esta contemplación. Él está allí, listo, con los pies ágiles. Aquí está representado en un momento en que no se sabe si llega a la Cruz o ya está partiendo desde ella. En efecto, para san Ignacio se llega a Cristo para contemplar cómo Dios, en Cristo, está salvando a la humanidad, cómo me esta salvando, y por eso me descubro involucrado en la historia de la salvación. Francisco, con una mano, se une al brazo del Bautista, cuya mano es un gesto a medio camino entre la actitud de deisis -de quien indica a Cristo- y el gesto de quien bautiza, de quien vierte el agua. Francisco tiene la mano puesta como recogiera la sangre, indicando así que él ya no sólo bautiza con agua, sino con el Espíritu que se da desde el costado abierto.
Es indicativo también el hecho de que este gesto de Francisco sea muy parecido al del Bautista. Francisco es, en efecto, uno de los católicos que ha bautizado mayor número de personas y por eso ha sido asociado a Juan Bautista, también por toda la espiritualidad que ello implica.
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Francisco Javier (en el centro) con Juan Bautista y Juan Evangelista
Cappilla del Seminario
Banska Bystrica - Badin - Eslovaquia
Junio 2003 |
Juan Bautista es un gran asceta. Sabemos que vivía en el desierto, se consumía por el Señor, disminuía para que el Señor emergiera. Francisco Javier no fue menos. Ignacio, en las Constituciones, pide a los jesuitas que sean capaces de vivir una vida muy ascética, puramente monástica, no como prueba de sí mismos ante Dios, sino por la misión, como si dijera: «Como yo contemplo la voluntad de Dios y me pongo a servicio, también debo estar listo incluso a no prestar atención a nada, sino sólo a trabajar». San Francisco Javier es así:. murió de agotamiento, de fatiga, es decir, fue un hombre que se consumió por anunciar el evangelio, partiendo en aventura hacia la India. En este sentido, es un asceta y también es un precursor –yendo en sus viajes a abrir un sendero en toda Asia- como el Bautista.
Pero Francisco Javier también hace el gesto de Juan el Evangelista, el hombre al cual, reposando sobre el pecho del Señor, le fue comunicada la mayor sabiduría evangélica. Sabemos que Francisco Javier es un hombre de una gran intuición teológica, de gran sabiduría. Sin duda, fue el compañero más inteligente de San Ignacio, el más brillante, y, finalmente, deja todo y abraza sólo el evangelio, sólo la sabiduría del Evangelio. Pero al mismo tiempo, es semejante a Juan Evangelista, porque Francisco, aunque algunos lo quieren hacer ver como un militar, como uno que parte bajo mandato y va lejos, está representado en esta imagen como quien tiene un corazón muy tierno: Francisco, en cierto sentido, es un poeta de corazón muy tierno.
Juan Bautista mira a Cristo, porque toda su persona sólo tuvo sentido en función de Él. Así fue Francisco Javier. Pero Juan el Evangelista mira a María, porque bajo la cruz ha recibido de Cristo a María como madre al tiempo que la tarea de cuidar de ella.
Francisco está ya con un pie en el agua, para indicar que el desierto florece y revive ya bajo sus pies: el agua tiene en sí el sentido de la vida, la vida que brota del bautismo, es decir, que habla del renacimiento del mundo entero.
En el mosaico encontramos decoraciones que bajan en zig zag desde el lado de Juan Bautista y desde el lado de María. Son recordatorios de antiguas culturas, de decoraciones que se pueden encontrar en los antiguos eslavos, y también en las culturas asiáticas, donde existe una gran tradición de la seda y del bordado en los que se inspiran estas decoraciones. Luego hay una gran zona blanca, hecha de blancos sobre blanco, que evoca algo muy tierno, muy refinado, como la memoria. La memoria es la capacidad humana más fina, pero también la más potente.
También se ven círculos, ya que el círculo es el símbolo religioso más antiguo.
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Detalle
Cappilla del Seminario
Banska Bystrica - Badin - Eslovaquia
Junio 2003 |
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Detalle:
evocación de Francisco Javier misionero en Oriente
Cappilla del Seminario
Banska Bystrica - Badin - Eslovaquia
Junio 2003 |
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