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Capilla de la residencia del arzobispo católico en Belgrado
Nadbiskupski Ordinarijat, Svetozara Markovi��a 20, 11000 Beograd, Serbia

El mosaico está inspirado en la escena iconográfica - representada también en el maravilloso mosaico del siglo VI de Parenzo (Poreč) - profundamente arraigada en la tradición cristiana, del encuentro entre María de Nazaret, Virgen y Madre de Dios, e Isabel, la esposa de Zacarías y madre de Juan el Bautista. En la Biblia encontramos los elementos sobre los que se desarrolla la espiritualidad de este encuentro.
Isabel era estéril. La esterilidad es la proclamación de la impotencia del hombre para dar la vida. Dios ha intervenido en su esterilidad para que este milagro se convirtiera en el signo de la fe en la maternidad virginal de María.

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Parte central: el encuentro
Capilla de la residencia del arzobispo católico

Belgrado - Serbia

Agosto 2005


María es virgen. La virginidad es la actitud de quien se retira conscientemente y da la precedencia al Señor, que es la Vida y que es el único que da la vida.
El protagonista de este encuentro entre las dos mujeres es, en primer lugar, María, pero precisamente el saludo de Isabel suscita en ella el canto de alabanza más bello que jamás el hombre haya expresado a Dios.
De ello se deduce que, en este encuentro, se expresa una reciprocidad que está más allá de cualquier protagonismo. Más aún, se revela que este encuentro es posible gracias a la apertura y humildad que es común a ambas mujeres. Más allá de todas las reflexiones, los hechos y conclusiones lógicas, la esterilidad de Isabel se ha convertido en el signo divino para la Virgen María.
El encuentro entre Isabel y María es, de hecho, el encuentro entre dos «hombres interiores», entre los hombres que traen estas dos mujeres y de los cuales uno es verdadero Dios y verdadero hombre.
El mosaico quiere mostrar que María a al encuentro de Isabel como Madre del Señor y del Salvador. El «Mandylion» de Cristo, que María sostiene con tanta ternura, revela la relación entre María y la Palabra, que la Virgen ha acogido, y llevado en sí misma hasta tal punto que ésta se ha convertido en ella en carne, hombre, rostro.
Isabel abre los brazos como señal de acogida: abraza a María y, con ella, al Señor y al Salvador.
Encima de Isabel se representa a Juan el Bautista que en la mano tiene una concha con la que bautiza. Sus manos imitan el gesto de las manos de su madre Isabel. María viene como Madre de Dios y trae consigo al Salvador, e Isabel la acoge como la madre de quien, en el bautismo en el Jordán, mostrará al Salvador. Isabel es la primera que, en el evangelio, reconoce a María como Madre del Salvador, lo cual es comprensible ya que lleva consigo al que preparará el camino al Señor. En el encuentro de estas dos mujeres, en realidad, se encuentran a Cristo y el Bautista. De ello podemos comprender que para el encuentro - y un lugar de encuentro significativo es también Belgrado - es importante que los unos en los otros despertemos el hombre interior.
Estamos llamados a encontrarnos por la razón a la que nos llama el Espíritu Santo dentro de nosotros y que en nosotros anhela a Cristo. Así el encuentro será, cada vez más, solamente un signo, un gesto, la realización de lo que nos inspira Cristo y el hombre interior que Lo anhela y Lo desea.

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La visita de la Virgen María a Isabel
Capilla de la residencia del arzobispo católico

Belgrado - Serbia

Agosto 2005


El objetivo de las partes decorativas del mosaico es suscitar la sensación de la armonía y de la belleza, es decir, ese sentimiento del corazón que permite que el verdadero conocimiento del misterio y de la enseñanza expresada en la figuras y en la liturgia vivida en este espacio.
En esta parte del mosaico -donde se encuentran de manera armoniosa los motivos geométricos y los colores, el juego libre de las piedras de dimensiones pequeñas y grandes, con superficies lisas y opacas, la preciosidad del oro y la simplicidad de la tierra – llaman nuestra atención las dos cintas de colores cristológicos, el rojo y el azul. Su movimiento revela el encuentro entre María e Isabel.

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Detalle: Juan Bautista, Isabel y la Virgen María
Capilla de la residencia del arzobispo católico

Belgrado - Serbia

Agosto 2005


Saliendo de la capilla se dirige a nosotros el ángel que desenrolla el pergamino - el símbolo de la Palabra de Dios en toda la iconografía cristiana – sobre el que está escrito: «El Señor te bendiga y te proteja , haga brillar su rostro sobre ti, tenga misericordia de ti y te conceda su paz».
Salimos de la capilla bendecidos, lo cual quiere decir enviados por Dios El gran pergamino, detrás del cual se esconde toda la figura del ángel, nos muestra que lo esencial para nosotros es la Palabra de Dios con la cual hemos sido llamados a la vida y con los cual formamos nuestra vida y nuestra persona. Cuanto más sigue la Palabra nuestra persona, más nos asemejaremos a Cristo en nuestra vida corporal, terrestre y humana.

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El ángel de la Anunciación
Capilla de la residencia del arzobispo católico

Belgrado - Serbia

Agosto 2005

   
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