En la sala capitular está representada la cruz con los santos patronos de Europa. La cruz, en lenguaje figurativo, es el símbolo más radical del encuentro. Los santos patronos de Europa (Benito, Cirilo y Metodio, Catalina de Siena y Brígida de Suecia, Edith Stein), junto con Juan Pablo II, el inspirador de este mosaico, están compuestos en la cruz gloriosa. Precisamente porque la cruz es el misterio del amor de Dios, por tanto, una realidad viva, la cruz no tiene nada de geométrico, sino que alude a una vela inflada por el viento, y tampoco tiene un marco, no está delimitada por los bordes, porque no tiene límites. También en Europa, el encuentro entre los pueblos, entre las culturas y las naciones, se realiza a través de las personas y en la medida en que se conforman a quien es la Persona, por excelencia, a cuya imagen hemos sido creados.
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