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Iglesia de San Pascual en Bari
Via Pisacane, 56 - 70126 Bari - Italia

El mosaico de San Pascual
Este trabajo se ha sacado de la gran Tradición, donde el Dies Domini, el día del Señor, lo constituye el misterio que se extiende entre el Triduo de Pascua y Pentecostés. Durante estos cincuenta días se resume toda la teología y la espiritualidad del día del Señor prefigurado en el Antiguo Testamento y realizado en Cristo. Por eso, el ábside sólo puede ser el Laetissimum Spatium dedicado a la comunicación de Dios, a la exuberancia del Amor de Dios, lvida de la Vida, luz de Luz, don del Espíritu Santo, Señor y dador de vida. Este descenso se derrama en el Dies Paschalis, el día de Pascua, porque es la clave que nos permite comprender la obra salvadora de Dios

El arco triunfal
En el arco triunfal se desvela también un misterio ulterior: el Dies Domini, el día del Señor, triunfa en el éscaton, en la gloria eterna del Hijo de Dios.
De acuerdo con la gran tradición de la Iglesia en el centro del arco triunfal está Cristo que todo lo mantiene, el Cristo Pantocrátor, el que sostiene todo con su mano mientras bendice todo, y todo vive gracias a su bendición, a su don.
El rostro está representado teniendo en cuenta dos dimensiones: una parte es el juez, más duro y severo; por otra, está el aspecto de la misericordia, de la bondad.

En el conjunto tiene que prevalecer la majestuosidad, la solemnidad, la misericordia y la bondad.
El rostro de Cristo no debe tener nada de superfluo, debe ser sólo la verdad, es decir, la consistencia. Por eso, no puede ser gordo, por cuanto la verdad es la carne sobre la que está escrito el amor de Dios.
El cuerpo de Cristo somos nosotros, la Iglesia.
Los dos ángeles atestiguan la presencia de Dios; cada uno tiene un cetro: el primero, con tres colores, con los que en la Edad Media se indicaba a la Santísima Trinidad; el otro, con un cetro que se pierde en las esferas en torno a Cristo, para indicar que hay mucha vida y diferentes dimensiones a mediada que uno se acerca al misterio. Los ángeles, como mensajeros, son realmente amigos de Dios y los hombres, que tiernos, no son prepotentes, son una presencia amigable, que no se impone, sino que reza y acompaña al hombre. Bajo sus pies vemos, en blanco y en oro, los caminos que recorren los ángeles.
Siguen los santos más venerados en el lugar de la iglesia: san Nicolás, san Sabino, san Pascual, san Pío de Pietrelcina.
En la base del arco está representado el comienzo de la historia de la salvación: la Anunciación del arcángel Gabriel a la Virgen María.
Detrás de Gabriel hay un pozo.
En el otro lado está la Virgen, la Madre de Dios, atenta al telar. Tiene una madeja en las manos y delante de sus pies hay una tinaja, en memoria de Rebeca e Isaac, y agua, que en el desierto tiene un significado muy especial. El agua es vida, y el ángel llegó y se presentó en el pozo para indicar que a partir de ahora habrá una nueva vida. Por lo tanto, ha pasado la edad de las tinajas. La que está al lado de María está ahora llena de grietas, porque ya no tiene sentido: la nueva vida será contenida en su cuerpo. Recordando el encuentro entre Cristo y la Samaritana, se pone de manifiesto que el nuevo pozo de agua que no se seca y que sacia la sed es Cristo, con la vida que brota de él mismo. María está bajo un templo, con un gran baldaquino, y una columna del templo se pierde precisamente en su mano, donde está el hilo rojo que está tejiendo. María teje la carne a la Palabra de Dios: hasta ese momento se escuchó la Palabra; a partir de ese momento se la contemplará, porque ella dio carne a la Palabra, el nuevo templo, el cuerpo del Hijo de Dios.

Panorámica
Iglesia de San Pascual

Bari - Italia

Abril 2005

 

El arco triunfal
Iglesia de San Pascual

Bari - Italia

Abril 2005


El ábside
En el ábside, en la parte superior, vemos la mano de Dios Padre: a Dios nadie lo ha visto nunca, sino su Hijo; nosotros lo conocemos de su mano, es decir, por su trabajo: en la creación y en nla redención.

Laetissimum spatium
Del cuenco se abre un movimiento que es precisamente el Laetissimum spatium. Se trata de dar un sentido de vida, de luz, de movimiento, pero también de belleza, de enorme la pureza, sin nada que estorbe: debe ser un espacio muy luminoso. Se trata de un gran sendero, un gran movimiento de vida que baja desde el cielo, de la mano del Padre, y se derrama abajo, en la tierra. Este sendero de oros, rojo y azul, finalmente une definitivamente el cielo y la tierra, «así en la tierra como en el cielo». Es un flujo que parte desde la mano del Padre y termina justo en los infiernos, en el imperio de la muerte, adonde el Hijo bajó para retomar al hombre muerto. Arriba está la mano del Padre y debajo la mano del Hijo que agarra al hombre. Pero el flujo de la vida del Padre, con el Hijo, alcanza la mano abierta de Adán. Toda la historia del ábside está encierra, pues, entre dos manos: la mano del Padre, que está totalmente abierta y que da todo, y la mano de Adán, que se abre a la salvación.

Detalle
Iglesia de San Pascual

Bari - Italia

Abril 2005


Dies Paschalis
El Dies Paschalis comienza con la Última Cena: la gran mesa ocupa la parte central del ábside; los apóstoles distribuidos alrededor expresan una cierta dinámica de las relaciones. El personaje más dramático es ciertamente Judas, que tiene la bolsa de monedas a sus espaldas y parece un hombre con las manos atadas, que ha perdido la libertad y por eso ha perdido el rostro, se lo cubren los cabellos: el rostro se pierde perdiendo las relaciones. La traición significa poner al descubierto una relación fingida, uno que da la impresión de que está, pero que en realidad no está.
El Espíritu Santo desciende, y ahora está sobre la mesa: los apóstoles sostienen en sus manos las copas para recibir el Espíritu Santo, el vino nuevo de Pentecostés, pero están sin pan porque la crucifixión fue empujada hasta estar sobre la mesa. El Espíritu Santo es el Señor que obra el misterio eucarístico, la conversión del pan en el Cuerpo de Cristo. A través del pan y el vino, la Eucaristía nos hace revivir realmente el Calvario con el pan entregado en nuestras manos. El pan es el cuerpo de Cristo entregado en manos de los hombres, para ser tocados por esta bondad loca de Dios que llega a fiarse de nosotros. Esta entrega borra cualquier falsa imagen de Dios, porque el Espíritu Santo nos hace ver en el crucificado, en la muerte de Cristo, la gran revelación de Dios y nos ayuda a entender el precio de nuestra salvación. Por lo tanto, libres de nuestros temores, de nuestras autosalvaciones, nace la comunión. Por eso esta dinámica.
En la gran mesa se vislumbra una especie de tienda: el velo del templo se rasgó y en el esplendor del oro aparece el Crucificado, es decir, la esencia de la esencia de lo que Dios nos quiere decir, un amor infinito, agápico. La cruz es el árbol de la vida en el que está extendido el Crucificado. De Él viene el amor, es Él quien transforma las cruces en caminos de la salvación.

Parte central
Iglesia de San Pascual

Bari - Italia

Abril 2005


Abajo se despliegan los infiernos, el poder de la muerte. En la estela de san Efrén el Sirio, el oriente cristiano nos entrega esta imagen potente de la Resurrección: Cristo que atraviesa la tumba y entra para abrir todas las tumbas hasta la de Adán. Las tinieblas se debilitan, no logran retener el poder de la luz que ha entrado allí. En Juan 1, 5 se dice que la luz vino a la tierra, pero la noche no la acogió. En griego se usa el verbo katalambano que no quiere decir que no la acogió, que la rechazó, sino que remite al significado que la luz era tan fuerte que la noche no pudo resistir, fue tragada por la luz, ha habido un derrumbamiento de las tinieblas, de la muerte frente a una presencia tan masiva de la luz.
Cristo toma a Adán y Eva por la muñeca, porque ahí es donde se mide la vida, y les vuelve a dar la vida. Este es el punto más bajo del descenso de Dios, hasta el punto de que Cristo está en una posición que no sabe si vuelve a bajar o si ya comienza a subir. El flujo de la vida divina que desciende se hace de modo que también puede leerse como un impulso desde los infiernos hacia arriba; por lo tanto, el descenso es ascenso. Dios se hizo hombre para que el hombre se hiciera divino. Cristo tuvo que morir para entrar en la muerte porque el hombre yacía allí. Cristo resucita y, con Él, el hombre vuelve al Padre.

Parte inferior, con el presbiterio y el altar
Iglesia de San Pascual

Bari - Italia

Abril 2005

   
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