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Parroquia de María Inmaculada en Modugno
Viale della Repubblica – 70026 Modugno (BA), Italia
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El mosaico de este ábside lo decide prácticamente el tragaluz que está por encima del ábside. En la tradición de la Iglesia, la claraboya no es sólo un agujero en el techo, sino que es la verdadera fuente de luz, que es una sola y no puede haber nada al lado de ella. Por esto, normalmente está en la cúpula, de modo que la luz se difunda sobre la cúpula, sobre el presbiterio y sobre toda la iglesia.
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Vista panorámica
Parroquia de María Inmaculada
Modugno (BA) - Italia
Mayo 2007 |
Hacer el mosaico junto a la claraboya, habría significado crear un mundo de tinieblas. Por tanto, se ha dejado vacío: es pues, sólo luz, y de ahí baja todo. En el principio Dios creó la luz.
Dios, antes de crear el mundo, tuvo una visión del mundo, como todo artista que, cuando hace una obra, tiene una visión de la misma. La Iglesia ha llamado Sabiduría a esta visión de Dios, la santa Sofía. Dios tiene esta visión del mundo incluso antes de «condensarla» en la palabra y después en la materia del mundo.
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Parte izquierda
Parroquia de María Inmaculada
Modugno (BA) - Italia
Mayo 2007 |
La mosaico parte de la visión de la Sofía, la Sabiduría divina, es decir, de esta visión íntima de Dios, que le pertenece como el corazón al ser viviente.
En el Antiguo Testamento se encuentran varios textos en los que se habla de la Sabiduría, que es muy refinada, muy fina, que penetra todo, está presente en todas partes: lo ilumina todo, lo conduce todo... En un cierto momento, esta Sabiduría expresa a Dios su deseo de plantar una tienda, y Dios le dice que lo haga en Israel, en el pueblo elegido (cf. Sir 24,1ss).
De hecho, en el mosaico, a la izquierda, se ve plantada una tienda hecha de oro, azul, rojo y blanco. Se trata al menos de un atisbo de tienda. Esta visión de Dios, de la creación, entró en el mundo. Como un artista tiene una visión antes de empezar su creación, y con la obra se manifiesta muy concretamente, con todo, permanece también «dentro» del artista, lo mismo ocurre con la Sabiduría divina: permanece íntima en Dios, pero mora también en todo lo que Él ha creado. Todo está inhabitado por esta Sabiduría, que es una idea sacada de la vida porque Dios, cuando piensa, hace vivir.
La tienda significa habitación, evoca en la memoria la presencia, no sólo un pensamiento, una idea. Dios, con su Sabiduría, ha puesto su tienda entre nosotros, en primer lugar a través de Israel, y luego a través de su amado Hijo, nacido de la Virgen de Nazaret.
No olvidemos que el arte litúrgico tiene la tarea de hacer presente lo que pretende revelar. Si la obras de arte expuesta en una galería suscita admiración, la obra de arte litúrgico debe suscitar veneración. Antes una obra de arte en una iglesia, la gente debería hacer un signo de la cruz, porque debería percibir una presencia. Por eso, con esta tienda se ha querido subrayar la presencia para que inmediatamente viniera a la mente que alguien vive allí.
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Dios crea con sus manos a Adán y Eva
Parroquia de María Inmaculada
Modugno (BA) - Italia
Mayo 2007 |
Dios Padre creó al hombre y todo el universo con sus dos manos, dice san Ireneo. De hecho, de la tienda de oro, salen dos manos que emergen de dos mangas de color rojo: es Dios Padre que está plasmando al hombre, Adán y Eva. Desde la tienda, que es la morada de la Sabiduría divina, sale el hombre que se convierte en una tienda viviente, una morada de Dios. El hombre se convierte en la morada de Dios en la tierra, hasta el punto de que Dios ha prohibido al hombre hacerse ninguna imagen de Él porque ha conservado una gran sorpresa: la única imagen de Dios es el hombre y no la hemos hecho nosotros, nos la ha regalado Él; aunque hemos sidos nosotros quienes hemos plasmado su imagen. El hombre se convierte entonces en esta morada, y es una morada de amor.
San Juan Crisóstomo dice que Dios creó al ser humano como Adán y Eva, hombre y mujer, es decir, no ha creado una realidad única, sino que ha creado dos, para que la persona humana pudiera alegrarse participando en esta creatividad que hace que a través amor los dos se hagan uno. Esta es la mayor felicidad que el hombre puede experimentar sobre la faz de la tierra: la comunión de las personas.
Por tanto, Dios ha plantado esta tienda que se ha convertido en hombre y mujer, precisamente a través de la relación, el hombre y la mujer se acordaran constantemente de Dios, de la relación de la Santísima Trinidad.
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Cristo y María-Iglesia
Parroquia de María Inmaculada
Modugno (BA) - Italia
Mayo 2007 |
Adán duerme, descansa, y de su costado Dios plasma a Eva. Dios tomó a Eva de la mano, mira dentro de la tienda.
Adán, hombre de la tierra, duerme sobre la tierra y la tierra se ha estratificado debajo de él. Desde tiempo inmemorial, Dios prepara el escenario para que madurara hasta poder tomar esta tierra, este barro y soplar sobre ellos. El hombre está hecho de la tierra y de soplo; de una tierra amorfa, sin forma y de un Rostro que vemos, pero que se hace visible en el hombre.
La inspiración para esta escena se debe a un texto de Santiago Serug, un poeta sirio del siglo V, en el que se dice que Dios introdujo a Moisés en una estancia de la Sabiduría para revelarle la creación del mundo, pero después de haberle hecho ver lo que había en esta estancia, Dios le puso un velo sobre el rostro para no dejarle ver todo con claridad, por temor a la reacción del pueblo. El pueblo, en efecto, no estaba preparado para entender un misterio tan extraordinario, por eso es como si Dios le hubiera dejado ver una gran pintura, pero puesta bajo un velo.
En esta pintura Moisés ve la creación de Adán y Eva, cómo llegarán a ser una cosa sola y dice que él pensaba que eran Adán y Eva, pero en realidad, bajo el velo, estaban Cristo y la Iglesia.
Al comentar a san Pablo, dice Santiago Serug, a menudo pensamos que el apóstol habla del hombre y de la mujer y luego, por reflejo, de Cristo y de la Iglesia, mientras que es exactamente al contrario. El fundamento del amor es sólo uno: la fidelidad de Cristo a su esposa, reflejo, pues, como una segunda imagen, como a través del velo, en el amor entre hombre y mujer. No es que Cristo y la esposa sean el reflejo del amor del hombre y de la mujer, sino que el hombre y la mujer crecen desde este amor entre Cristo y la Iglesia.
En el mosaico se hizo, pues, una gran velo, porque el tragaluz ofreció una posibilidad de crear un pequeño truco óptico: los que están más lejos pueden realmente disfrutarlo porque desde el semicírculo encima de la claraboya, a la izquierda, entre la tienda y el oro junto a la Virgen, cae una gran velo que da la sensación de que todo fuera un baldaquino redondo cubierto con un velo. Por un lado, el velo se ha levantado y vemos dentro del baldaquino al esposo o la esposa siempre pura, imagen de la Iglesia. Más allá del velo, vemos la tienda y la creación de Adán y Eva. Moisés miró esa escena, pero de hecho esa escena es un reflejo, una imagen del prototipo, es decir, de Cristo con su costado.
Aquí Cristo duerme. Su costado está abierto, a pesar de estar vestido como rey, profeta y sacerdote: nace la Iglesia, la Esposa, según una imagen típico de toda la tradición. Es la la Madre de Dios. Los artistas cuidaron mucho su rostro, para dar la imagen la imagen de una mujer a la que ninguna otra pudiera parecerse, porque sólo ella es la Madre de Dios, la Esposa de Cristo, la Iglesia.
Cristo, aunque está muerto, reposa, duerme. De hecho, su cabeza no está caída y hay una clara semejanza entre el primer Adán y el Nuevo Adán.
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El arca de Noé
Parroquia de María Inmaculada
Modugno (BA) - Italia
Mayo 2007 |
Otra imagen representada es la del Arca de Noé, incluida para que nos ayude a entrar en el misterio verdadero, para ir más allá de este velo, porque todo el mundo sabe que el Arca significa la humanidad preservada del desastre del mal.
Muchos Padres de la Iglesia vieron en el arca una serie de presencias espirituales muy fuertes. Algunos vieron en ella la imagen de la Madre de Dios, exactamente como los artistas querían mostrar: como la humanidad se salvó en el arca, María fue preservada del mal. Por eso se encuentra sobre ese almohadón de tierra blanca. Los Padres vieron en el arca el Cuerpo de Cristo, su sepulcro. El arca tiene una puerta a su derecha (es decir, a la izquierda del espectador). Agustín dice que la< puerta que el arca tuvo en su flanco es ciertamente la herida que la lanza abrió en el costado del Crucificado. Entonces, esta puerta de la que salió Noé salvado del agua recuerda el costado del Cuerpo de Cristo, del que salió la Iglesia, la humanidad salvada.
Dado que el arca es la Iglesia, el signo de la cruz está en el centro del barco, al igual que en la Iglesia de la que salimos generados como Noé de su arca.
En el barco hay varios animales, como por ejemplo el lobo y el cordero -de los cuales leemos en el advenimiento la profecía de Isaías- a continuación, un asno y un buey, testigos del nacimiento de Cristo en la Navidad; luego hay lirios, porque Cristo un día dijo algo mirando a los lirios del campo... Luego también un león, un águila y un buey, que representan a los evangelistas.
En las imágenes del mosaico hay varias referencias a textos bíblicos y a la tradición de la Iglesia. La misma agua del diluvio por el otro lado, se convierte en el agua del Jordán.
Santiago Sarug dice que la Madre de Dios es siempre pura, pero la Esposa, la Iglesia de la que ella es imagen, se purifica en las aguas del bautismo, de modo que hay una fuerte unidad desde la creación hasta el nacimiento de la Iglesia que surge de las aguas del bautismo.
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El Bautismo de Cristo
Parroquia de María Inmaculada
Modugno (BA) - Italia
Mayo 2007 |
El Bautismo de Cristo, del que se habla al principio del evangelio, es imagen de su muerte y resurrección; por eso, Cristo parece muerto y está vestido como en la cruz, sólo con un sudario, con las manos hacia abajo y los ojos cerrados. Cristo es como si estuviera colocado en una tumba llena de luz, lleno de oro. A los lados hay dos montañas, como en la tradición iconográfica, con un río en el medio que parece hundido en ellas, como para sugerir que después del pecado se ha creado una brecha entre el mundo espiritual y el mundo humano. Cristo ha llenado este vacío, este abismo entre lo divino y lo humano.
Por el evangelio sabemos que el Bautista se pone en una actitud de extrema humildad hacia Cristo: basta recordar cuando dice «tengo que ser bautizado por ti, ¿y tú vienes a mí?» (Mt 3, 14) o también «Él debe crecer, y yo, en cambio, disminuir» (Jn 3, 30). Por eso aquí se ha querido representar en una actitud que haga ver que, sin Cristo, no tiene un punto de apoyo, no se tiene en pie, cae. Es decir, es precisamente la imagen del hombre que reconoce su vocación, su misión y su identidad personal, la de estar en relación con Cristo. Aquí de la cara de Juan el Bautista se ve prácticamente sólo un ojo, para ver así cómo ve Cristo que tiene los ojos cerrados: la invitación es a aprender a ver el mundo a través de la Pascua.
Cirilo de Jerusalén dice que, cuando Cristo bajó al Jordán, dio a las aguas los colores de su divinidad: por eso el oro que baja desde el cielo hasta los abismos de la humanidad, el mal en el mundo, luego bajará y teñirá el agua. Cristo, como dice una antigua oración de la fiesta del Bautismo de Jesús, entró en las aguas para santificar todas las aguas, para que pudiéramos ser bautizados. El cielo baja sobre la tierra. Es curioso que Cristo haya sido bautizado en un lugar muy bajo -480 metros bajo el nivel del mar- precisamente para indicar su kénosis, su humillación al buscar al hombre en la muerte y en el pecado.
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El sagrario
Parroquia de María Inmaculada
Modugno (BA) - Italia
Mayo 2007 |
En el sagrario está escrito: «Yo estoy con vosotros», para recordar que allí está el Señor, que permanece con nosotros.
En el mosaico aparecen también tres círculos. Parece que en la memoria de la humanidad el símbolo más antiguo de lo sagrado haya sido el círculo y, si el círculo es lo sagrado, evoca la perfección divina.
En el ámbito de esta llama de oro es como si el círculo rojo fuera un gran fuego que se eleva y desaparece en el blanco.
El segundo círculo es blanco, el color del espíritu, el tercer círculo, más arriba, aislado, es el azul, el color de la humanidad.
La Virgen tiene tres estrellas: una estrella en la frente y dos en el vestido, para indicar su virginidad antes, durante y después del parto. La tradición de la Iglesia ha puesto tres estrellas y todo ha estado claro.
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