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Capilla de las Misioneras de la Inmaculada en Monza
Congregación Misioneras de la Inmaculada, Via Mantegna, 27 - 20052 Monza (MI)

El mosaico está hecho a partir de la «visión» del Sembrador de la Madre Igilda Rodolfi, fundadora de las Hermanas Misioneras de la Inmaculada, que remite a la parábola del sembrador del Evangelio (cf. Lc 8, 4ss y par.). La pared frontal de la capilla, la del ábside, está marcada con una entradilla a fin de crear dos niveles. En la parte inferior del mosaico se representan los cuatro tipos de terreno sobre los que cae la semilla: el camino, en el que se pisa la semilla; el suelo pedregoso, el terreno espinoso y la tierra buena y fértil.

Visión panorámica
Capilla de las Misioneras de la Inmaculada

Monza (MI) - Italia

Diciembre 2008


La representación en su conjunto se debe principalmente a un himno de Efrén el Sirio (ver Himnos sobre la Natividad, 4,31-33; 85-91; véase también Himnos sobre la Resurrección 1,1-3). La tierra fértil, según san Efrén, es la Virgen, que se convierte en Madre gracias a una semilla incorruptible, es decir, el Verbo de Dios. Su seno se convierte en la morada del Verbo. En ella el Verbo toma Cuerpo. María no es sólo comparada con la tierra de un campo, sino que su seno ofrece paralelos también con el Sheol: el grano de trigo, de hecho, es Cristo que fue depuesto en la muerte, para llegar a la luz como Resucitado. El nuevo Adán, que vence a la muerte, generado por la nueva Eva, abre el camino hacia la resurrección a todos los hombres.

El presbiterio
Capilla de las Misioneras de la Inmaculada

Monza (MI) - Italia

Diciembre 2008


El grano de trigo que cae en buena tierra y muere, da mucho fruto. El himno de Efrén explicita el misterio pascual, el martirio de Cristo y su resurrección, el misterio del que la Iglesia hace perenne memorial en su liturgia, una anámnesis sacramental. El trigo que cae en tierra, y en la Virgen y Madre, da fruto del ciento por uno, y se convierte no sólo en una espiga, sino en una gavilla. Se alude así al simbolismo tan rico de las gavillas de José de Egipto, que a su vez es una prefiguración del Cristo pascual. Toda la historia de la salvación está prácticamente representada en la imagen: la Virgen Madre, el Verbo hecho hombre, el misterio pascual, la victoria sobre la muerte, conseguida por Cristo, cuyo cuerpo -la Iglesia- se reúne como granos de trigo en el pan eucarístico para la transubstanciación de la humanidad, de la creación en Cristo.

Parte central
Capilla de las Misioneras de la Inmaculada

Monza (MI) - Italia

Diciembre 2008


La Madre de Dios está sentada en el suelo: ella es la tierra buena y fecunda y es verdaderamente una madre; tiene los flancos de la mujer que h dado a luz y el niño está sentado en su regazo. Esta «gavilla» -Jesús- ha venido a la creación a través de ella y, con su pequeña mano, se agarra a ella. El misterio divino-humano, que se expresa en una ternura propia de Dios, es recibido por la humanidad purificada en la Virgen y Madre.

Parte izquierda
Capilla de las Misioneras de la Inmaculada

Monza (MI) - Italia

Diciembre 2008


La Virgen pone la mano en el suelo y retiene el piececito de Jesús que no toca el suelo, sino su mano: ella es la escala vista por Jacob que permitió que Jesús viniera a la tierra. Con la otra mano María levanta su manto, con un gesto que retoma una fiesta oriental: la fiesta de Pokrov, fiesta del velo de la «Madre de Dios, que protege». Como si María quisiera proteger al Hijo que la dejará para morir en la cruz. Pero precisamente allí Jesús extenderá la maternidad de su Madre a todo el género humano, de modo que todos nosotros podamos escuchar su manto lleno de amor maternal que nos protege.
La mirada de Cristo tiene un velo de tristeza, porque «la gavilla» será aplastada. Pero «los que sembraron con lágrimas, cosecharán entre cantares» (Sal 126, 5).

La Virgen de las Espigas
Capilla de las Misioneras de la Inmaculada

Monza (MI) - Italia

Diciembre 2008


La parte superior del mosaico está dedicada, como en las antiguas iglesias al Laetissimus spatium, al espacio del Espíritu Santo: el Espíritu es quien da la vida, quien obra el paso de la Palabra a la carne, quien da concreción a la Palabra. El Espíritu Santo es la clave de todo y es Él quien comunica a Dios de manera personal. Todo el arte de la vida espiritual reside en la sinergia con el Espíritu Santo. Con Él se puede acoger la Palabra, llevarla con amor, hacerla fructificar, es decir, darle la carne, los gestos, la mentalidad, la voluntad. En la sinergia el Espíritu Santo traduce en nosotros la Palabra en imagen, evidentemente en cuanto encuentra una buena tierra.

El Espíritu Santo
Capilla de las Misioneras de la Inmaculada

Monza (MI) - Italia

Diciembre 2008


La Virgen mira directamente al sagrario, en el que se reproduce en el rostro de Cristo.

El sagrario
Capilla de las Misioneras de la Inmaculada

Monza (MI) - Italia

Diciembre 2008

 
 
   
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