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Iglesia de San Romano en Roma
Largo Antonio Beltramelli, 18 - 00157 Roma

En esta iglesia, dedicada a San Román, se ha tratado de introducir la figura del santo en una visión teológica.
Se ha creado una especie de arco, a través del cual trazar una teología bautismal.
A la izquierda se ve una cruz grande de color negro en la que se pone a san Román, bautizado por san Lorenzo en la cárcel. Esta cruz también puede hacer alusión a la prisión. De hecho, hay algunos dados cuadrados que forman como grandes rejas, detrás de las cuales uno está encerrado. Lorenzo era prisionero, Román fue su carcelero. En un determinado momento Román deja todo, caen al suelo el casco, la espada y las llaves de la prisión y san Lorenzo con el bautismo le comunica el Evangelio, que es una nueva llave de acceso a la vida. Por eso, con el evangelio recibe una nueva luz, pero también las claves de lectura de la vida. La historia no es sólo cambiar formas y módulos, sino verlos bajo una nueva luz; entonces, con el bautismo, cambia no sólo la luz exterior, sino la luz interior y el hombre cambia en su mente, en la inteligencia, en los sentidos, en los sentimientos, en la voluntad, en la sensorialidad. Todo es cambiado por esta nueva luz.
San Romano fue representado con una herida en el cuello para indicar que fue martirizado por decapitación. En la Carta a los Romanos, capítulo seis, leemos que en el bautismo hemos entrado con Cristo en su muerte; estamos llamados a ser conformes, semejantes a Él en la muerte, para resucitar con Él y vivir con Él en la vida nueva. De hecho, san Romano en este bautismo, como cada uno de nosotros, ya está muerto. Por tanto el bautismo ya precede a lo que sucede en nosotros cuando cada uno muere físicamente.
Pero san Romano tuvo la gracia de morir como testigo de Cristo; él se insertó en Cristo y ya no fue capaz de dejarlo, manteniendo que era mejor morir antes que traicionarlo: ya nada lo separa de este amor de Cristo. La total adhesión a Cristo no puede ser entendida como un pacto ideológico, respetado tercamente, sino que es realmente un acto de amor libre, de lo contrario se es héroe, pero no mártir.


Panorámica
Iglesia de San Romano

Roma - Italia

Enero 2006


En las manos de san Lorenzo se ve una concha, recuerdo del antiguo símbolo del bautismo, de la vida nueva, de la vida eterna, pero también porque en el mundo latino la concha es también un símbolo de la peregrinación, que aquí es la peregrinación del bautismo a la gloria.

San Lorenzo bautiza a san Romano
Iglesia de San Romano

Roma - Italia

Enero 2006


En el centro del ábside encontramos a Cristo sacerdote en gloria con san Román junto a él. Cristo le pone la mano izquierda sobre sus hombros envolviéndolo en su mismo manto, que es el manto de gloria. Ya sabemos por los profetas del Antiguo Testamento que el manto es el símbolo, por un lado, de la gloria y, por otro, de la entrega de la misión. Cuando el profeta Elías deja el manto a Eliseo, éste es llamado a continuar su misión (cf. 2Re 2, 13).
Román, participando verdaderamente en la muerte de Cristo, participa también en su resurrección; recibió una misión y la cumplió. Por eso, es recibido en la gloria, con la rama de palma entre sus manos, antiguo símbolo de los mártires, con un corte de color rojo en su pecho para recordar tanto este amor suyo de locura, como este signo de la sangre de Cristo, es decir, la del martirio.
Cristo en la gloria es impresionante, pero también es simple –con la mayor simplicidad- y está en camino, no está estático, porque la historia, también la historia de la salvación, y la gloria última definitiva -el escathon, la parusía, la vuelta de Cristo- no es algo estático, sino algo dinámico, un acontecimiento.
Cristo en camino está viniendo a nuestro encuentro, que estamos en la muerte y necesitamos a alguien que nos saque. Por eso Él nos bendice.
Cristo y Román vienen hacia nosotros, bajando de una montaña que bajo sus pies es blanca, espiritual, y poco a poco se hace cada vez más terrestre. Es interesante notar que esta montaña pasará incluso bajo la cárcel, para indicar que también el cautiverio, el sufrimiento, el martirio y el bautismo que tiene lugar en la tierra forma ya parte, en un sentido espiritual, de esta tierra nueva que es la tierra de Cristo de la parusía.

Jesucristo y san Romano en la gloria
Iglesia de San Romano

Roma - Italia

Enero 2006


Que Cristo está en la gloria lo entendemos porque cerca hay una deisis. A saber, están la Madre de Dios y Juan Bautista en actitud de señalar a Cristo. De hecho, estos dos personajes tienen un rasgo en común: ambos han hecho conocer a Cristo. La Virgen lo ha dado a luz en el mundo y él lo hizo reconocer como Mesías. Por lo tanto, a través de toda la iconografía cristiana antigua, Cristo en gloria no está solo, sino que con Él están ya la madre de Dios y Juan Bautista.
El acontecimiento del bautismo es un ser generados y la Iglesia es la Madre que nos da a luz como hijos nuevos en la pila bautismal, por lo que es particularmente importante que la Madre de Dios esté aquí y se encuentre justo entre la cruz y el manto de la gloria. María es aquella que a un tiempo es Madre de Dios y Madre de la Iglesia, es decir, la Iglesia misma que nos genera, igual que generó en el bautismo a san Román.
En esta deisis encontramos una hermosa síntesis entre María como madre y Juan Bautista como profeta y mártir, ambos en la actitud del orante que encuentra la mejor expresión del ser humano precisamente en señalar a Cristo y al mismo tiempo en acogerlo. El Bautista mira a Cristo porque se ha consumado totalmente por Él. María mira a quien preside la liturgia de la comunidad cristiana, porque es Madre de la Iglesia.

Parte central
Iglesia de San Romano

Roma - Italia

Enero 2006


Juan Bautista, este hombre tan seco, asceta, con los cabellos largos que se confunden con las pieles de los camellos, de los que se vestía, también tiene un manto rojo, es decir, el manto de la divinización.
El significado de la vida humana es ceder el primer lugar a Aquel que realmente lo tiene: nosotros no somos la fuente de la vida, nosotros la recibimos y por eso la podemos señalar. El Bautista ha disminuido y Cristo ha crecido, por eso es profeta, pero es también el primer mártir del Nuevo Testamento.
De Juan Bautista Cristo dice que es el más grande entre los nacidos de mujer, título que nunca recibió nadie más. El Bautista ha quedado en prisión, a pesar de haber anunciado el tiempo mesiánico en el que los presos serían liberados. Pero fue premiado como el más grande nacido de mujer.

San Juan Bautista en actitud de deisis
Iglesia de San Romano

Roma - Italia

Enero 2006

 

Rostro de Juan Bautista
Iglesia de San Romano

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Enero 2006

 

La Virgen María en actitud de deisis
Iglesia de San Romano

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Enero 2006

 

Rostro de María
Iglesia de San Romano

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Enero 2006

 

   
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