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Capilla de los Mártires del siglo XX en la capilla de diario de la parroquia en Ljutomer
Župnijski urad Ljutomer, Miklošičev trg 3 – 9240 Ljutomer, Eslovenia

Se trata de una capilla dedicada a los mártires del siglo XX, no un mártir concreto, sino a todos juntos.
Esta idea de los mártires del siglo XX era muy querida por Juan Pablo II, hasta el punto de que creó una comisión para estudiar el tema, convencido de que la Iglesia debe hacer todo lo posible para desarrollar la veneración de los mártires del último período de nuestra historia.
La capilla es Ljutomer sale al encuentro de este deseo de Juan Pablo II.
En los primeros siglos, los cristianos sostenían que, puesto que recibimos el don del Espíritu Santo, que nos da el amor y la vida del Padre, nosotros podemos dar nuestra vida. Por eso, el mártir es expresión de la vida divina, ya que su relación con el Señor es más fuerte que su misma vida. La fuente de la vida está sólo en el Señor. La vida que recibimos con el bautismo y que nos inserta en Cristo, la podemos realizar sólo en virtud de un amor tan fuerte, como era el amor con el que Cristo amaba. Podemos llegar a ser otro Cristo, si andamos por el mismo camino de amor por el que ha pasado Él, es decir, si pasamos a través del misterio de la Pascua.

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Cristo en los mártires del siglo XX
Capilla de los Mártires del siglo XX en la capilla diaria de la parroquia Ljutomer -

Ljutomer - Eslovenia

Abril 2007


El amor vive en la historia de la Pascua de una manera pascual. El amor se realiza de modo que vence cuando pierde, gana mientras se está dando, vive mientras está muriendo. Y éste es Jesucristo. Cuando el cristiano recibe la vida nueva, es decir, la vida insertada en Cristo, es capaz de amar de modo divino. Por eso, los primeros cristianos, en cierto sentido, deseaban el martirio, deseaban este misterio pascual. Dar el propio cuerpo, la propia vida, representaba para ellos la única seguridad de haber entrado en el cuerpo glorioso de Cristo, al igual que la semilla que cae en tierra: si no muere, no da fruto. Por eso veían el sentido de la vida en saber morir, sabiendo que al hacerlo así vivirían. Se trata de la sabiduría de morir por amor. Y no hay amor más grande que el que puede ser identificado con el amor de Dios, es decir, con el amor realizado por Cristo. Por eso la Iglesia cree que en el mártir se realiza Cristo. El mártir es como un indicador de Cristo. Donde hay un mártir, allí está la
Pascua de Cristo y nosotros somos contemporáneos a Cristo.

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Capilla de los Mártires del siglo XX en la capilla diaria de la parroquia Ljutomer -

Ljutomer - Eslovenia

Abril 2007


A partir de esta visión, el mosaico quería hacer ver cómo moría Cristo en el siglo XX. El mártir es ya el nuevo hombre que creció hasta la madurez en Cristo. Por lo tanto, reconocemos en los mártires el rostro de Cristo y lo vemos mientras está en los trabajos forzados, con los ojos vendados listo para el fusilamiento, con la boca atada mientras sufre interrogatorios violentos, en los campos de concentración. Estas imágenes nos muestran cómo Cristo sufrió en el siglo XX. Los mártires están dispuestos en forma de cruz. La cruz es la forma más simple y más convincente del encuentro: dos líneas se encuentran radicalmente. Los Padres dicen que el mundo fue ya creado en forma de cruz, de modo que la cruz pertenece a la identidad misma del mundo y del hombre. Por eso los mártires son puestos en esta cruz. Sin embargo, a nosotros no nos importa la cruz como tal, sino el Crucificado. La cruz tiene un significado profundo, porque en ella está el Crucificado. En la cruz se ha realizado el encuentro entre Dios y el hombre, y entre el hombre y el hombre, porque Jesucristo, verdadero Dios y verdadero hombre, se entregó en nuestras manos hasta el punto de que podíamos crucificarlo. Por eso, en el centro de la cruz está el Rostro de Cristo, un rostro muy luminoso. Cristo está vestido con un vestido blanco. Se trata de Cristo después de la Pascua. No se subraya su triunfo, sino su paso a través de la muerte. Y Cristo conoce bien el dolor que sentimos y llevamos, y por eso nos mira con misericordia. Todo hombre lleva su dolor y todo hombre busca la misericordia.

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Capilla de los Mártires del siglo XX en la capilla diaria de la parroquia Ljutomer -

Ljutomer - Eslovenia

Abril 2007


Las otras figuras -los otros «Cristos», los mártires- están dispuestos en las cuatro esquinas de la cruz según la antigua tradición en la que se representa otro misterio en cada brazo de la cruz. El trasfondo de estos "Cristos" es el oro en rama, que muestra cómo de alguna manera se está apagando la luz del hombre-perseguidor, la luz del amor, y cómo luego esta luz se enciende de nuevo en el amor de Cristo. El perseguidor apaga la humanidad en sí mismo, no en aquel a quien está martirizado. El perseguidor muestra la «deshumanización» en el rostro de aquel a quien ha golpeado y anulado, pero en verdad con ello muestra la «deshumanización» de su corazón. Esta es la tragedia de los asesinos. Los mártires son semejantes a Cristo, es decir, a Aquel que no castigó a sus asesinos, sino que rezó y pidió para ellos el perdón. Por eso, en medio de la cruz se enciende el oro luminoso, en el que toda la cruz se «hace fuego». Toda la cruz está, en cierto sentido, inmersa en el oro. En uno de los brazos, la cruz está plantada en un terreno pedregoso, con el fin de percibir la unidad entre el cielo y la tierra, entre lo mortal y la inmortalidad, entre lo apagado y lo eternamente encendido.

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Capilla de los Mártires del siglo XX en la capilla diaria de la parroquia Ljutomer -

Ljutomer - Eslovenia

Abril 2007


Toda la escena está planteada de modo geométrico debido a la cruz.. Las piedras, los colores, el oro están colocados en un ritmo de juego horizontal y vertical, que da a todo el presbiterio un sentido de fiesta, de luminosidad, de luz. Se trata de la superación de la tragedia, ya que para aquellos que pertenecen a Cristo, la vida no se les quita, pues son ellos los que la dan. En los rostros, en la corporeidad de las figuras se ve la dramaticidad, el agotamiento, pero al mismo tiempo todo se pone en la gloria, donde la tierra es luminosa, empapada de sangre, de esa sangre que en el momento de la muerte de Cristo cayó en tierra y allí permaneció. Y esta sangre un día dará a la tierra ese sentido que vemos en la liturgia, donde el pan se convierte en el verdadero pan y el vino en la verdadera bebida, la sangre para la vida eterna. Por ello, estas piedras son tan transparentes, aunque afiladas. Todo está compuesto para que siempre venza el oro, el blanco, la luz.

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Capilla de los Mártires del siglo XX en la capilla diaria de la parroquia Ljutomer -

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Abril 2007


En la otra parte está la Virgen de la granada. La granada se ha convertido para los cristianos, especialmente en la Edad Media, en símbolo de la unidad. Esta fruta tiene una piel dura, pero dentro hay un montón de semillas que se pueden comer. Se trata de un extraordinario símbolo de la unidad, ya que esta fruta contiene en su interior un gran número de semillas dulces.
María aprieta sobre su corazón el rollo de la Palabra. Medita qué significa lo que ha oído y lo que le ha sucedido (cf. Lc 1, 29; 2,19). Sólo a la luz de la Palabra de Dios se entiende la naturaleza trágica de la historia. Siglo tras siglo, se repiten las mismas historias crueles, como si el hombre no hubiera aprendido nada. Por eso, debemos buscar en la Palabra de Dios, los acontecimientos que se parecen a los nuestros, y ver lo que significan, cómo los ve Dios. Sólo así podemos superar nuestra estrecha lógica de ofensa y venganza, y tener la mirada de Dios
Con la otra mano, María tiene la granada y lo ofrece a la Iglesia, a los que rezarán en esta iglesia y celebrarán la liturgia. María dio el cuerpo al Señor, que así podía revelar el amor y convertirse en aquel sacrificio que asumió toda la venganza, la violencia y el mal, para que los hombres pudieran estar unidos. Todos nosotros nos echamos la culpa unos a otros. Desde la muerte de Abel en adelante, la culpa de Caín pesa sobre la humanidad. Pero el Señor vino y «organizó» la venganza de toda la humanidad sobre sí mismo. En Cristo la humanidad puede desencadenarse sobre Dios Esto es precisamente lo que ocurrió: arrojamos sobre Él toda la maldad.
Cristo, que vive en el cielo con el Padre en la eterna liturgia vive en la tierra en la Iglesia, en nosotros bautizados, que somos su cuerpo. El martirio del amor de Dios continúa a través de los siglos en su cuerpo, un cuerpo unido por la fuerza Espíritu Santo de tal manera que nada lo puede romper. Incluso si nos matan, el amor es tan fuerte que hace que nos levantemos y caminemos en el Señor. Por eso, María muestra la granada de la unidad, que representa a los mártires, es decir, aquellos que con el don de la propia vida -como Cristo, el Cordero de Dios- quitan al mundo la maldad y la venganza.

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La Virgen de la granada
Capilla de los Mártires del siglo XX en la capilla diaria de la parroquia Ljutomer -

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Abril 2007

   
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