El mosaico en el palacio residencial de Villa Urbana parte del hecho de que el arte debe llegar a ser el marco en el que la vida está presente en su aspecto luminoso. La relación entre las tinieblas y la luz no puede ponerse en cuestión. El hombre quiere crearse la casa a imagen de su amor, para que también el espacio pueda respirar lo que le es más íntimo, precioso y sagrado. Por eso, se optó por un juego de piedras y oro, donde la materia se entrelaza en su dinamicidad, luminosidad y al mismo tiempo indefinibilidad. A fin de cuentas así es la poesía. Por lo tanto, se trata de la simbiosis entre palabra y materia -como en el principio, en la creación del mundo y como, de alguna manera, en toda creación humana genuina.
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